Dentro de Can Fargas
5.02.2009
Màrius Serra
Josep Maria Huertas Claveria lo contó en las páginas salmón de ‘La Vanguardia’ y la familia Vilaregut se querelló contra él
Esta es una historia que empieza hace más de una década y acaba anteayer. La masía de Can Fargas, en Horta, fue expropiada el lunes. El martes, muchos vecinos entramos en ella por primera vez. Las autoridades municipales, con Jordi Hereu y Elsa Blasco al frente, nos contaron que albergará la escuela de música del distrito, con capacidad para 400 alumnos y 20 profesores. Los impresionantes espacios de la masía se adecuan perfectamente a las necesidades de la formación musical. Las obras de adaptación serán costosas, pero los beneficios sociales para el barrio resultan incalculables. No así los conseguidos por los ilustres socios de la empresa Unicompta, que sí se pueden calcular. Veamos: la propietaria era la señora Ofèlia Rosselló Wall, cuyo parentesco con el último de los Fargas tiene un punto de ambiguo. Ya anciana y sin descendencia, se aviene a vender la finca – un solar de 4.880,27 metros cuadrados y una superficie útil de 1.570, sito en pleno paseo Maragall-por 190 millones de pesetas, pagaderos en diez cómodos plazos de 19, sin intereses, cuando los pisos de 100 metros ya cotizan a 30 kilos en Horta. A pesar de ser patrimonio protegido, el Ayuntamiento no ejercita su derecho de retracto por culpa de un cóctel humano que se repetirá más de una vez: abogados habilidosos y administrativos negligentes. Es entonces cuando la activa asociación de vecinos de Font d´en Fargues organiza la plataforma Salvem Can Fargas y consigue poner el foco sobre la masía. El historiador Desideri Díez, uno de los pocos que la habían visitado para inventariarla, no se cansa de explicar la singularidad de esta masía de planta elevada, construida alrededor de una torre de vigilancia del siglo XI, dedicada a la viña a partir del XVIII y denominada Mas Pujol (sic) en el XIX.
Cuando los vecinos consiguen el apoyo de los representantes de las cinco fuerzas políticas municipales, la propiedad pide cerca de 2.000 millones. ¿Quieren un mejor ejemplo de burbuja inmobiliaria? De 190 a 1.900 en unos meses. ¿Quién dijo crisis? Entonces empieza la presión vecinal. Y cada año una fiesta medieval a las puertas de la masía, con puestos de artesanos, actuaciones y peroratas. La propiedad presenta un proyecto que dice respetar la masía pero incluye un aparcamiento para 200 coches, un centro geriátrico de día con 200 plazas, una residencia geriátrica con 100 camas y un restaurante camuflado de escuela de hostelería. Empieza el baile. Josep Maria Huertas Claveria lo cuenta en las páginas salmón de La Vanguardia y la familia Vilaregut se querella contra el periodista por divulgar su nombre como máxima propietaria de Unicompta. La querella no prospera porque así figura en el registro (público), un pequeño detalle sin importancia para gente acostumbrada a actuar a su antojo. Las negociaciones con el Ayuntamiento, que ofrece permutas y otras fórmulas, no avanzan. En cambio, la señora Rosario Vilaregut denuncia por injurias y vejaciones a los siete vecinos que lideran la plataforma: Àngels Ferré, Àngels Orcau, Bertomeu Pons, Carlota Giménez, Josep Maria Armengou, Mercè Sempau y Lluís Vila. El juicio de faltas 577/ 06 se celebra el 23 de mayo del 2007 y la sentencia es absolutoria. La actual crisis debe haber apaciguado tanto las expectativas de la propiedad que este lunes se avino a la expropiación por cinco millones de euros, un precio de mercado razonable que aun así cuadruplica el precio de compra, pero que está muy lejos de los 18 que pedían antes de que la burbuja hiciera plof. Este año, la fiesta medieval será dentro. ¡Entró, entró!
Tags: HUERTA-GUINARDÓ (Distrito 7), Patrimonio municipal, Urbanismo
08-02-2010 a las 18:55
me gustaria saber de la familia Fargas y como es que se llama Can FARGAS. DEBE EXISTIR ALGN FAMILIAR AUNQUE NO SEA PROPIETARIO DE EL MASIA AGRADECIDA